miércoles, 2 de julio de 2008

RICKY BUENO / RICKY MALO
Desde hace bastante tiempo tengo esta suerte de muletilla para no sólo expresar algunas conductas mías que no oculto sino, especialmente, para ser entendido. Que sí es cierto que relativizo la forma en que me ven pero, no voy a negarlo, cierta importancia le doy ya que, joder, no vivo en una isla desierta, vivo rodeado de varios ustedes, aquéllos, los otros.
A ver, no es una especie del dr. Jekill y mr. Hyde, esa inmortal letra de R. L. Stevenson, no la porquería cinematográfica de un tiempo a esta parte a excepción, claro, de aquélla que hiciera Spencer Tracy... ojo, guarros, no es una cuestión de edad es una cuestión de clásicos que, al fin de cuentas, dicho actor es de una generación anterior a la de mi viejo. Tampoco, una cuestión de índole psicológica al estilo de Jung en eso de que todos poseemos nuestro lado sombra; qué va!.
Estas dos referencias introductorias le dan un toque de glam al asunto a la par que, bueno, puede quedar interesante al punto de pensarse que uno domina algo de la literatura, del cine y también de psicología y es, advierto, un juego del Ricky Malo, turro y hedonista que quiere hacer creer que con un par de ideitas heterogéneas ganan peso sus opiniones. A su turno, el reconocimiento de esta especie de tortuosa manera de ser puede ser inferido como una autocrítica medianamente explícita que reposiciona al Ricky Bueno que enfrenta sus falencias y no tiene temor a exponerlas pero, en fin, en este jueguito de idas y venidas puedo apuntar, sucesivamente, que hago esto último porque no soy inocente y sé que asumir públicamente mi parte mala puede ser tomado como un acto de redención. Oh, pecador! (el Purgatorio espera ansioso mi llegada).

La verdad (rídicula pretensión en este caso) reconoce un origen un tanto baladí. Baladí para otros, importante para uno que en esas épocas era dado a mirar tv. En uno de los episodios de Family Ties, donde actuaba Michael J. Fox, él, cuyo personaje era Alex y tras hacerle un feo a su amigo Skeepy le dice ...no sé que me pasó; hay un Alex Bueno y hay un Alex malo y... Después se reamigan pero, nada, lo importante era éso. Me dije: guau, eso me pasa a mí también. Y ahí, quedó para siempre. Tomá nota, Tester.
Pero, obviamente, mi parte malita no alcanza dimensiones de bestia... aún. Expresándolo en un ejemplo que daba a mis entonces alumnos de 5to. año hace tipo dos lustros ha, la cosa esa que tenemos dentro, algo así como ponzoña ambivalente, la traduzco así: puedo ver a una viejita caminando torpemente y en mi cabeza se cruza de pronto que si se cae aparatosamente me causaría gracia pero, jamás de los jamases ni ebrio de Gancia que es una cosa asquerosita, se me ocurriría a mí cruzarle la patita para que se desplome la abuelita. A lo mejor este ejemplito termina inclinando la balanza para vos, lector. Digo, podría habérsete pasado por la mente Este tipo es un hdp, mirá lo que se le ocurre! está más loco de lo que creía. Ja ja y je je.

De hecho, mi Papá hace un par de días atrás, hablándome tal cual él suele hacerlo en ese rol que le sale de tanto en tanto cuando cree que es preciso aconsejarme y que a mí me complace siempre aunque no comparta varias veces sus apreciaciones (que me siga viendo un pequeño no deja de hacerme sentir seguro en algún punto, los papás son para siempre papás), trataba de hacerme variar una opinión proferida en la mesa familiar por mi parte que era de tono bastante duro pero que, en definitiva para mí y evidentemente no para mis viejos, era eso: sólo una opinión, sólo palabras. Y yo, fervientemente, creo que las palabras son éso eventualmente, un manojo de sonidos que expresan una idea pero no la concretan por el hecho de que suenen meramente, que yo sostenga la viola en las piernas mientras tiro unos acordes y trato de cantar no es música, Mamá me lo dijo siempre sin ambages... Acá puede salir alguno que me va a decir que me tomo a la ligera estas cosas de la comunicación y te aclaro, Queridito/a, que no es así ni por asomo. Uno debe ser inteligente para discernir que, por caso, cuando decís a este sorete lo voy a matar no estás operando o vas a operar en la realidad y se te va a venir el código penal encima cual saeta, a no ser, claro, que si te lo bate un pibe chorro, ahí sí, cagáte hasta las patitas. Si me dicen a mí "negro" o "negrito" lo tomo así, un apodo cariñoso y ni en pedo, justo a este tipo que tipea, que me estén rebajando; por otra parte, tampoco, cuando me decía alguna "Ricky, oh Dios!" yo pensaba que había ganado una acólita para mi secta.

Retomando a esta parte buena y mala, mi oximoron interno, creo que me tranquiliza. Cuando saco mis demonios, habitantes no tan oscuros de mi corazón, nunca me veo quedado en una posición de vulnerabilidad. Contrariamente, me hace sentir más fuerte, sigo sonriendo con esta carita/mirada de hijo de mil que me dice que tengo mi edecán (sin falta de respeto, lo hace con unción) o bien mi amiga Amalia con quien hace poco estuve en Rosario y me batió que tengo expresión de hdp, no cara de..., o quizá, y citando otras posturas, que poseo cara de falsete, etc etc. Todos esos golpecitos a mi integridad me encantan, tengo algo de sado en ese sentido, y hasta te confieso que si me comentan que mi mirada es de turro, más sabor dulce me causa porque hasta me deja con la incógnita de qué impresión habría causado si esa mirada fuera con la que tendría que tener desde que nací, con mis dos ojos... Y en estos puntos en que me pregunto qué podría haber sido si tal cosa, me dejan la sensación de vivir varias vidas. Mi cabeza, siempre, fue una máquina de pasar de estadio a estadio sin solución de continuidad y, a veces, con varios inputs al mismo tiempo.

Intuyo, amablemente, que debo sugerir a todos ustedes que dejen salir sus partes malas. Es una suerte, también, de autodefensa para un medio que mayoritariamente es hipócrita así podés guardar exclusivamente tu parte mejor (si es que la tenés) para aquéllos que realmente querés. Seguí saludando con un beso o estrechando las manos de todos los que te saluden y no te prives de mandarlos a la mierda en secreto; es un ahorro de energía porque, si no asumís esta dosis, sos como el perro que la va de malo del otro lado de la reja, déle y déle ladrar siempre a los transeúntes. Al pedo. Mordélos cuando entren, cuando jodan.

Au revoir.-

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