viernes, 11 de julio de 2008

¿Drew está sola?

Esta noticia, realmente, me conmueve. Tengo fresco, todavía, el recuerdo de Stephanie de Mónaco cuando, a sus 9 años y 8 míos, declaré un amor secreto y recortaba sus fotitos de las revistas para ponerlas bajo la almohada o al lado de alguno de mis retratitos. Los viejos miraban extrañados la situación pero, por fortuna, a esa época no les daba la locura actual de mandar a los pendejos al psicólogo por cualquier nimiedad.
Ese amor duró bastante y ella nunca lo supo y, como bien dice el dicho para los derrotados (también he mordido el polvo de los evictos), ella se lo perdió. Ahí la ven, ahora, un tanto demacrada para la edad que tiene y yo sigo retozando...

Pero, tras pasar esa etapa platónica (y a la par vivir otras más pedestres, más reales de realidad pero de cero abolengo -ojo, que mi familia no tendría por qué mirar de reojo la casa de Mónaco que no sé si ellos, más allá de toda la torta, tienen ancestros como los míos-) vino E.T. y ahí, de un tiempo a esta parte, una jornada larga, con mi corazón virado hacia Drew Barrymore. Leerás ésto y te conmoverás?
He seguido tu biografía a lo largo de esta inacabada etapa. Supe de tus 19 años cuando declaraste que, a esa edad, ya habías pasado todo lo que podía pasarle quizá a una persona de 40 que vivió al límite. Pero, igual, seguiste con esa carita aniñada, de yo no fui y esos ojos y ese gesto con la boquita.
Me ví toco de veces las dos pelis que hiciste con Adam Sandler (primero y hace un tiempo: the wedding singer y luego, hasta no hace tanto, fifthy first dates) y, seguro, las volveré a ver.
Eso sí. La vida me ha cambiado un tanto. Te puedo rendir cierto tributo, digamos, romántico pero, ojo, no te voy a esperar toda la vida. Este morocho aún tiene su orgullo.
De todas maneras, ya sabés. Estoy acá. Qué se yo.

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