jueves, 17 de julio de 2008

Heath "Maidan"


El martes pasado, 15 de julio, mi (ex?) edecán tuvo un rapto de ésos que lo caracterizan, difíciles de manejar para quién —como uno— sufre de fatiga de guerra ciudadana.

El caso es que, desde hora temprana, anduvo interneteando muy dado a conocer a fondo la vida del malogrado actor australiano Heath Ledger, que hace del guasón en la peli de Batman recién estrenadita por estos pagos.
Me sensibilizó su búsqueda, su actitud cuando levantó el monitor varias veces para mostrarme una foto del actor en cuestión, la cara que puso cuando le dije que tenía entradas... y me espetó que él también.

Así que, en sentido homenaje a la curiosidad sentimental de Martín, a su seguro esporádica afición a Heath (y a la certeza que vio con algún tipo de inquietud su film anterior "Secreto en la Montaña") es que mando esta entrada y cuelgo una fotito trabajada con la precariedad que me permite esta máquina laboral y mi indefectible torpeza.
Au revoir.-

miércoles, 16 de julio de 2008

Mis emociones fílmicas: Rocky

Ejem, yo confieso que me conmuevo con films que nada que ver para otros. Cuento, entre ésos, la saga de Rocky. En Rocky II siempre se me vienen los mocos cuando, tras ganarle a Apolo al final, le dedica a su mujer el título diciendo algo así con las cámaras de tv. que se le venían encima: ... a excepción del día en que nació mi hijo, este es el más feliz de mi vida... Adriane... lo logré! (apelo a mi memoria por si alguno me quiere gastar).

Y, qué le vamos a hacer. Sabedores de este punto débil mío, Martín me arrima una fuente internetística que transcribe parte de la conversa más emocionante, para mí, de Rocky VI (Rocky Balboa) que es cuando le habla a su hijo saliendo del restaurante.
Dejo esta parte diría sublime para compartirla con ustedes del blog de un tal loco Bender:

Este Rocky es puro corazon che. ¿Quien no crecio escuchando sus enseñanzas y emocionandose en sus combates? Nos enseño mucho mas sobre la vida que esas peliculas pedorras seudointelectuales que aplauden de pie tipos raros con polera y enteojos que al salir del cine siguen enfrascados en su mundo de fantasia y LSD. "Me llego al corazon", "Que profunda", por dios, como si lo complejo o enmarañado fuese lo bueno y lo simple lo malo (...)

De la pelicula Rocky Balboa...:

"Déjame decirte algo que ya sabes.
El mundo no es arcoiris y amaneceres.
En realidad es un lugar malo y asqueroso.
Y no le importa lo duro que seas,
te golpeará y te pondrá de rodillas,
y ahí te dejará si se lo permites.
Ni tú ni nadie.. golpeará tan fuerte como la vida.
Pero no importa lo fuerte que puedas golpear,
importa lo fuerte que pueda golpearte y seguir avanzando,
lo mucho que puedas resistir, y seguir adelante.
¡Eso es lo que hacen los ganadores!
Ahora, si sabes lo que vales, ve y consigue lo que vales.

Pero debes ser capaz de recibir los golpes
y no apuntar con el dedo y decir que eres lo que eres
por culpa de ese o el otro. ¡Eso lo hacen los cobardes!
¡Y tú no eres un cobarde! ¡Tú eres mejor que eso!"

viernes, 11 de julio de 2008

¿Drew está sola?

Esta noticia, realmente, me conmueve. Tengo fresco, todavía, el recuerdo de Stephanie de Mónaco cuando, a sus 9 años y 8 míos, declaré un amor secreto y recortaba sus fotitos de las revistas para ponerlas bajo la almohada o al lado de alguno de mis retratitos. Los viejos miraban extrañados la situación pero, por fortuna, a esa época no les daba la locura actual de mandar a los pendejos al psicólogo por cualquier nimiedad.
Ese amor duró bastante y ella nunca lo supo y, como bien dice el dicho para los derrotados (también he mordido el polvo de los evictos), ella se lo perdió. Ahí la ven, ahora, un tanto demacrada para la edad que tiene y yo sigo retozando...

Pero, tras pasar esa etapa platónica (y a la par vivir otras más pedestres, más reales de realidad pero de cero abolengo -ojo, que mi familia no tendría por qué mirar de reojo la casa de Mónaco que no sé si ellos, más allá de toda la torta, tienen ancestros como los míos-) vino E.T. y ahí, de un tiempo a esta parte, una jornada larga, con mi corazón virado hacia Drew Barrymore. Leerás ésto y te conmoverás?
He seguido tu biografía a lo largo de esta inacabada etapa. Supe de tus 19 años cuando declaraste que, a esa edad, ya habías pasado todo lo que podía pasarle quizá a una persona de 40 que vivió al límite. Pero, igual, seguiste con esa carita aniñada, de yo no fui y esos ojos y ese gesto con la boquita.
Me ví toco de veces las dos pelis que hiciste con Adam Sandler (primero y hace un tiempo: the wedding singer y luego, hasta no hace tanto, fifthy first dates) y, seguro, las volveré a ver.
Eso sí. La vida me ha cambiado un tanto. Te puedo rendir cierto tributo, digamos, romántico pero, ojo, no te voy a esperar toda la vida. Este morocho aún tiene su orgullo.
De todas maneras, ya sabés. Estoy acá. Qué se yo.

miércoles, 9 de julio de 2008

Y sí, fuí bebé también...








martes, 8 de julio de 2008

apostillas sobre la gente al pedo

Con sus bocas de payaso, llenos los rostros de su máscara hipócrita,
sonríen y cuchichean tirando dardos inútiles a tus espaldas.
En la vida que no han vivido, ni podrían hacerlo nuevamente nacidos,
se reciclan torpemente en su presente que no conoce de días
.

Pues bien, con esta sanata poética del introito y que es letra mía de hace unos minutos, hoy voy a decir un par de cosas sobre los correveidiles. Por una parte, son necesarios para la gran masa de la humanidad que cultiva sin tapujos la hipocresía y cosecha sin descanso.
Por otra parte, y en ese afán altruista que a veces a algunos se nos cruza por la cabeza pero no siempre ya que de santos ni hablar, está la parte que te toca cuando cruzan el umbral ovalado. Sí, el límite en forma de huevo, esa parte de la curva en donde, traspasada, te rompen soberanamente las pelotas y debes medirte para no lastimarlos más que ya bastante enfermos están.
No digo que cierta forma de pedantería te toque cuando pasa algo similar o, al menos, así debieras tomarlo para darle de comer un poco más a tu ego.
El mío es muy gordo. Y sí, a poco que repares que si hay terceros a quienes vos jamás les darías un mínimo de atención y ni siquiera estarías en su funeral aun siendo mañana mismo, algo debe causarte en tu impresión que esos energúmenos tengan tiempo para fantasear sobre tus cosas. Es como estar en la vida de otros siendo vos el protagonista en un film que jamás interactúa con la platea (no vale apelar a "La Rosa Púrpura de El Cairo" de Woody, eh?). Y, ahí tu ego debiera preguntarse si hasta no obras mal al no firmarles al menos un mísero autógrafo que, después de todo, los artistas nos debemos a nuestro público.
Pero lo más grave de esto es pensar qué hubiera sido de vos si te tocaba vivir en las pieles de esos otros. Habrías aceptado eso? Digo, vivir siempre de lo que hacen los otros y no ocuparte de elaborar tu propia vida. Obviamente debe ser una cuestión de fortuna. Me refiero al destino.

Gracias a Dios siempre estuve de este lado puesto que, lo afirmo casi apodícticamente, si me hubiera tocado el otro lado habría seguido un derrotero análogo, de ameba, sin tener nunca la conciencia de lo que realmente pasa que no es otra cosa que lo que le pasa a uno y punto.

viernes, 4 de julio de 2008

Generación Z

Me da un tanto por las guindas que alguien que ya pasa los 20 te diga "señor". Está bien, es un raye mío pero, hasta donde recuerdo, maso a partir de esa época yo trataba a los más grandes de igual a igual, con respeto claro, pero sin esa distancia generacional que pone el vocablo en cuestión. A ver si soy más específico: cambié de aparato celular de marca conocida cuyo modelo es rockero y así lo anuncia el artilugio y me vienen a decir que eso es para pendejos. Perdón? sorry? what?; qué, lo único que falta ahora es que cualquier energúmeno venga a postular que el rock es para pendexs como si hubiera nacido hace un par de años. Por favor, gilipollas!!! es más viejo que los viejos de uno y vienen con esa sanata. Y si no, tampoco vayan a creerse que eso del sexo déle y déle con aires de libertad venga a ser una conquista reciente porque, al menos, desde el siglo pasado y fines de milenio ídem, el tema del "flower power" era darle sin ton ni son al voleo mientras era una insignia mundial el Woodstock y etcétera etcétera. Capito?

Es más. Voy a dejar escrito algo que pienso y que he repetido hasta el hartazgo como decía Carlitos Saúl. Descontando mis inicios en la intimidad con el sexo opuesto, que datan de mis 16 y fueron más fugaces que la fama que a todos nos predijo Warhol, tipo a los 20 en adelante, cuando uno emparejaba y se tomaba la vida de otro modo, con todo eso de la responsabilidad y el camino a la madurez —que aún transito infructuosamente— cuando la ocasión se daba de amarse y amasijarse, uno lo hacía con la convicción que eso de tener sexo era una cosa muy adulta, para la que estaba suficientemente crecido y nadie podía objetarte nada de nada. O sea, que ya estabas suficientemente grande, crecido, hecho hombre y ella hecha mujer, para que quedara claro que tener sexo estaba ok y no era cosa de escandalizarse ni por los padres de ella, ni por los de uno, ni por los amigos o cualquiera que pensara uh!, éstos hacen chanchaditas. Qué va!. Era, es, debiera ser, normal, absolutamente normal. Lo digo yo, aun creyendo que las relaciones íntimas deben guardar algo de afecto o de ternura con el otro que si es la pareja mejor. Que el que quiera darle con quien quiera y el otro/a piense igual, también está bien. Dále nomás, dále que va. Qué puto problema podría haber? Salvo la típica forrada machista de este país en dónde el chabón más volteador es un pijo y la mujer más desinhibida es una trola, todo debiera ir sobre rieles.

A qué vamos? A lo siguiente. Si tenemos por compartido que desde determinada edad en adelante podemos desenvolvernos con soltura en materia sexual, estimo que todo preconcepto debe ser borrado de nuestras cabezas. El preconcepto por antonomasia está dado en las diferencias de edades, tópico respecto del cual, a lo corto de mi vida, yo no he tenido problemas para aceptar en los otros ni tampoco en mis conductas cuando, por ejemplo, a los 27 míos estaba con Lucila que tenía 16. Acá vendrá la jodita típica en donde vos si decís que era una tipa bien pensante es la excusa común para ocultar que en ese momento alternaba con una pendeja. Pues bien, Lucila no tenía los modos así medio cuasi púberes que el resto de sus congéneres de ese entonces ni, tampoco, las mañas infantiles de bastantes minas de mi edad a ese momento que, creo, no habrán crecido jamás por más que arrastren un par de hijos en estos años.
Es cierto. No lo tomen a mal. Ni hombres ni mujeres. Yo me hago cargo de mi parte en que soy bastante inmaduro todavía; que sigo con mis cosas de 20. Desde esa edad y desde antes incluso, no fui de confiar demasiado en el género humano, tiendo a pensar antes que las personas no son buenas por el hecho de serlo (homini hominis lupus, no digo nada novedoso) y que antes de confiar en alguien debo saber con quien trato. Sigo pensando, desde esa época, que bien vale la vida si llegás a viejo con alguien con quien compartir esa etapa y que los hijos deben ser una consecuencia natural de la vida. Sigo escribiendo poesías de vez en vez y todavía gusto de la lectura de El Principito (trancas, no voy a salir con eso de que lo esencial es invisible a los ojos). La mayor parte de mi (de) formación intelectual proviene de esa etapa y se continúa. En qué carajo cambié? en que tengo una hija, arrastro un divorcio, terminé la carrera que había elegido entonces, laburo de eso, y otras cosas que están vinculadas, esencialmente, con haber seguido el rumbo que ya tenía. Sigo parado en los mismos rieles, en la misma trocha; este tren es el mismo aunque haya pasado algunas estaciones.

Veo, me codeo por yuxtaposición en rigor, con gente de diversas edades que no creo que hayan agregado un ápice a sus vidas en materia de madurez por el hecho de haber soplado sucesivamente varias velitas. Me dan terror las minas más grandes que uno, y hasta de la edad de uno o un par de años menos a lo sumo, que vienen con infantilismos típicamente regresivos o no tanto, cuando elucubro que, quizá, fueron así toda la vida. Y de los tipos, ni hablar. Me da cierta vergüenza de género. Peor que peor no puedo dejar de sentirme cuando uno más grande que uno te pone la mano en el hombro y pretende aconsejarte. Siempre recuerdo a ese tipo médico bien veterano cuando yo tenía 11 años en un asado multitudinario en la casa de Mendoza que con una copas encima me decía: acordáte de lo que te digo, las mujeres son todas unas pérfidas; son... pérfidas; te lo puedo describir todavía con su camisa, sus pantalones, su pelada prominente, su delgadez, anteojos y unos antebrazos bien venosos. Y ahí pensé dos cosas: nunca voy a tomar alcohol que te ponés pelotudo y, además, jamás le voy a hacer caso a alguien en materia de mujeres porque me hablan de sus frustraciones. Lo primero no lo cumplí, lo segundo, sí.

O sea: lo que te condiciona en la vida, lo que te hace madurar, estimo que proviene de lo que te ha tocado vivir (Perogrullo se presenta) y cómo lo asimilaste. Los traumas que vas recorriendo a lo largo del espinel son los que terminan fortaleciéndote. Las cosas que de pendejo nomás sacaste de golpe como un "click" y que se mantuvieron invariadas en tus años son las que te definen. Cuando hago algo que considero mi deber ético estoy repitiéndome, es un copy del mismo Ricky de adolescente, no es que me volví más bueno o más malo o más inteligente o más inepto porque la vida me llevó de envión. Nop.

Era así, sigo siendo así. No hay caso, no soy ni seré original para mi mismo en este punto de mi escalera.


Notita: cómo no podía ser de otro modo, ilustro con una pic de mis 16, en donde se ve que metía el aparato de audio (onda minicomponente, es cierto, un Crown de los 1eros cuando eran buenos) en el armario y la discografía al uso que, aunque en vinilos, se puede apreciar a Kiss con "Dinastia", "Destructor", "Love Gun", mis ya destruidos auriculares y en mi brazo derecho la contratapa de "Expreso de Medianoche". Ojo,eh! Kiss sigue subiendo a los escenarios!!!

miércoles, 2 de julio de 2008

RICKY BUENO / RICKY MALO
Desde hace bastante tiempo tengo esta suerte de muletilla para no sólo expresar algunas conductas mías que no oculto sino, especialmente, para ser entendido. Que sí es cierto que relativizo la forma en que me ven pero, no voy a negarlo, cierta importancia le doy ya que, joder, no vivo en una isla desierta, vivo rodeado de varios ustedes, aquéllos, los otros.
A ver, no es una especie del dr. Jekill y mr. Hyde, esa inmortal letra de R. L. Stevenson, no la porquería cinematográfica de un tiempo a esta parte a excepción, claro, de aquélla que hiciera Spencer Tracy... ojo, guarros, no es una cuestión de edad es una cuestión de clásicos que, al fin de cuentas, dicho actor es de una generación anterior a la de mi viejo. Tampoco, una cuestión de índole psicológica al estilo de Jung en eso de que todos poseemos nuestro lado sombra; qué va!.
Estas dos referencias introductorias le dan un toque de glam al asunto a la par que, bueno, puede quedar interesante al punto de pensarse que uno domina algo de la literatura, del cine y también de psicología y es, advierto, un juego del Ricky Malo, turro y hedonista que quiere hacer creer que con un par de ideitas heterogéneas ganan peso sus opiniones. A su turno, el reconocimiento de esta especie de tortuosa manera de ser puede ser inferido como una autocrítica medianamente explícita que reposiciona al Ricky Bueno que enfrenta sus falencias y no tiene temor a exponerlas pero, en fin, en este jueguito de idas y venidas puedo apuntar, sucesivamente, que hago esto último porque no soy inocente y sé que asumir públicamente mi parte mala puede ser tomado como un acto de redención. Oh, pecador! (el Purgatorio espera ansioso mi llegada).

La verdad (rídicula pretensión en este caso) reconoce un origen un tanto baladí. Baladí para otros, importante para uno que en esas épocas era dado a mirar tv. En uno de los episodios de Family Ties, donde actuaba Michael J. Fox, él, cuyo personaje era Alex y tras hacerle un feo a su amigo Skeepy le dice ...no sé que me pasó; hay un Alex Bueno y hay un Alex malo y... Después se reamigan pero, nada, lo importante era éso. Me dije: guau, eso me pasa a mí también. Y ahí, quedó para siempre. Tomá nota, Tester.
Pero, obviamente, mi parte malita no alcanza dimensiones de bestia... aún. Expresándolo en un ejemplo que daba a mis entonces alumnos de 5to. año hace tipo dos lustros ha, la cosa esa que tenemos dentro, algo así como ponzoña ambivalente, la traduzco así: puedo ver a una viejita caminando torpemente y en mi cabeza se cruza de pronto que si se cae aparatosamente me causaría gracia pero, jamás de los jamases ni ebrio de Gancia que es una cosa asquerosita, se me ocurriría a mí cruzarle la patita para que se desplome la abuelita. A lo mejor este ejemplito termina inclinando la balanza para vos, lector. Digo, podría habérsete pasado por la mente Este tipo es un hdp, mirá lo que se le ocurre! está más loco de lo que creía. Ja ja y je je.

De hecho, mi Papá hace un par de días atrás, hablándome tal cual él suele hacerlo en ese rol que le sale de tanto en tanto cuando cree que es preciso aconsejarme y que a mí me complace siempre aunque no comparta varias veces sus apreciaciones (que me siga viendo un pequeño no deja de hacerme sentir seguro en algún punto, los papás son para siempre papás), trataba de hacerme variar una opinión proferida en la mesa familiar por mi parte que era de tono bastante duro pero que, en definitiva para mí y evidentemente no para mis viejos, era eso: sólo una opinión, sólo palabras. Y yo, fervientemente, creo que las palabras son éso eventualmente, un manojo de sonidos que expresan una idea pero no la concretan por el hecho de que suenen meramente, que yo sostenga la viola en las piernas mientras tiro unos acordes y trato de cantar no es música, Mamá me lo dijo siempre sin ambages... Acá puede salir alguno que me va a decir que me tomo a la ligera estas cosas de la comunicación y te aclaro, Queridito/a, que no es así ni por asomo. Uno debe ser inteligente para discernir que, por caso, cuando decís a este sorete lo voy a matar no estás operando o vas a operar en la realidad y se te va a venir el código penal encima cual saeta, a no ser, claro, que si te lo bate un pibe chorro, ahí sí, cagáte hasta las patitas. Si me dicen a mí "negro" o "negrito" lo tomo así, un apodo cariñoso y ni en pedo, justo a este tipo que tipea, que me estén rebajando; por otra parte, tampoco, cuando me decía alguna "Ricky, oh Dios!" yo pensaba que había ganado una acólita para mi secta.

Retomando a esta parte buena y mala, mi oximoron interno, creo que me tranquiliza. Cuando saco mis demonios, habitantes no tan oscuros de mi corazón, nunca me veo quedado en una posición de vulnerabilidad. Contrariamente, me hace sentir más fuerte, sigo sonriendo con esta carita/mirada de hijo de mil que me dice que tengo mi edecán (sin falta de respeto, lo hace con unción) o bien mi amiga Amalia con quien hace poco estuve en Rosario y me batió que tengo expresión de hdp, no cara de..., o quizá, y citando otras posturas, que poseo cara de falsete, etc etc. Todos esos golpecitos a mi integridad me encantan, tengo algo de sado en ese sentido, y hasta te confieso que si me comentan que mi mirada es de turro, más sabor dulce me causa porque hasta me deja con la incógnita de qué impresión habría causado si esa mirada fuera con la que tendría que tener desde que nací, con mis dos ojos... Y en estos puntos en que me pregunto qué podría haber sido si tal cosa, me dejan la sensación de vivir varias vidas. Mi cabeza, siempre, fue una máquina de pasar de estadio a estadio sin solución de continuidad y, a veces, con varios inputs al mismo tiempo.

Intuyo, amablemente, que debo sugerir a todos ustedes que dejen salir sus partes malas. Es una suerte, también, de autodefensa para un medio que mayoritariamente es hipócrita así podés guardar exclusivamente tu parte mejor (si es que la tenés) para aquéllos que realmente querés. Seguí saludando con un beso o estrechando las manos de todos los que te saluden y no te prives de mandarlos a la mierda en secreto; es un ahorro de energía porque, si no asumís esta dosis, sos como el perro que la va de malo del otro lado de la reja, déle y déle ladrar siempre a los transeúntes. Al pedo. Mordélos cuando entren, cuando jodan.

Au revoir.-