miércoles, 23 de abril de 2008

Otro enigmático camino de la musculación
Después de haber explotado con la creatina en el curso del 2.006, hice mi año sabático de gimnasio allá por el 2.007 (o sea, el año pasado). En los albores del que inicia, queda pendiente la invitación de Lobo de Mar a que musculemos juntos, sudando hombro a hombro y dejando jirones de su vida como acostumbra mi amigo en cada ocasión que la vida le presenta un desafío.
Pero ocurre que el eventual partenaire nunca me había agarrado, a lo sumo, un par de mancuernas o bien esos elásticos mágicos que venían en cajita que hicieron, hace tiempo y ya en la nostalgia, a Charles Atlas pasar de un alfeñique a, precisamente, un Charles Atlas (este es un caso paradigmático del uso del epónimo para designar a un grosso pero años ha). Dado que Lobo de Mar ha pasado con holgura la barrera maldita de los 40 pirulos, yo le dije que no era moco de pavo (je je, qué expresión, por favor!; Lémur y el edecán discutían la otra vez sobre el origen de esta frase), que había que ir muy de a poco, que no era que iba a agarrar los fierros y levantarlos como si fuera una copita de champán brute nature en El Verde, aun con hielo bien picado, conforme al modo que se trajo del lejano y exótico Santiago del Estero.
Pero, al ver al muchacho que ilustra esta entrada con sus fotos, un tipo grosso si los hay, fisicoculturista tardío pero nato, que no se empequeñeció ante ninguno de los discos que cuelgan (cual linchados del árbol de la Justicia) en el frío eje que hace de barra, me he dado en pensar que no es tarde. Que no importa la edad y tampoco el tamaño. Que importa la actitud según muestra orgulloso este fulano indio (sí: "indio", de la India, no "hindú" pues ello debe ser referido a la religión) llamado Aditya Romeo Dev.
Convengo, confieso, asiento. Seguramente al ver su tamaño mi inefable compañero, amigo del bourbon y del champán según pasan los años, me diga que no le hace falta ir al gimnasio. Que él mismo lleva a cuestas ya, y hace bastante, a otro muchacho de la misma talla que Romeo. A su mellizo oculto que ni necesita levantarlo en mano como lo alza al mini grosso su entrenador...
Au revoir.-

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