miércoles, 30 de abril de 2008

Ejercicio retórico
Podría escribir a propósito de una cantidad bastante interesante de materias, cualquiera puede hacerlo. No desconozco, por lo demás, que lo denominado interesante es sólo una apreciación subjetiva. Aunque mal no vendría hacer un ejercicio.

Tomo como caso, en este momento, lo que llamamos "confianza", "honestidad" y "mentira", aunque, más bien, podría hacerse hincapié en esta última a modo de concepto globalizador. Este trípode, para algunos desprevenidos, tendría diversos matices según la relación de que se trate; o sea: no se coloca en igual peldaño a la relación amistosa, a la relación en pareja y a la relación laboral, por citar las más frecuentes.
No obstante, en todos los casos estamos ante un mismo caso, valga el juego de palabras.

Excluyendo las patologías —y a decir verdad, bien podría entenderse como patológico lo que voy a señalar—, la mentira se ha transformado en el adalid de las vidas de hoy. Se finge en la idea de construir un otro de cara a los demás, bajo las máscaras de los "modelos" que son masivamente vendidos o, a lo mejor, creando una suerte de "contramodelo" contestatario y desapegado de determinados convencionalismos que no deja de ser, sin embargo, análogo al primer caso pero desde otra perspectiva. Esa es una parte.
Por otro lado, se miente tratando de ocultar algo como si el correr el velo fuese ingresar a la intimidad del otro. Por añadidura, se estima que este tipo de conductas es aconsejable en la medida que no es bueno —en una sociedad hiperindividualista— dejarse conocer bajo riesgo de perder la propia identidad. Esa suerte de traslado de mi yo hacia un tercero es vista como una suerte de debilidad y, cuando menos y como contracara, se fragua una personalidad apócrifa que tiende a creerse fuerte en la medida que resiste tal debilidad. Y es aquí en donde el falseamiento de la realidad vivida deviene en una suerte de conducta no sólo autojustificante sino, también, en una costumbre que se arraiga.

Hay varias clases de mentiras. Eludimos a esa subespecie que refiere a la mitomanía, aludiremos a ese tipo de mentiras que son el ocultamiento de determinadas actividades que a priori se consideran deleznables para ventilarlas como, asimismo, permiten una suerte de refugio en un momento que se estima placentero.
Es quizá en este punto, donde el momento ocultado maximiza su placer, precisamente, en esa especie de ocultamiento (y en la adrenalina que provoca la posibilidad de ser descubierto). Piensen, nada más, en el remanido ejemplo de la infidelidad. Todos, de un modo u otro, hemos reproducido este ejemplo. Sea, lisa y llanamente, por habernos acogido a la intimidad sexual con alguien que no es la pareja estable —o que aparenta serlo— o bien por omitir deliberadamente determinados aspectos de nuestras vidas o de nuestra persona para evitar el desencanto que se estima producirá el revelamiento de una determinada situación personal.

Es en este punto cuando, descubierta la mentira, entran en crisis la confianza y la honestidad. Va de suyo que consideramos este descubrimiento devenido de factores ajenos al promotor puesto que, caso contrario, no habría mentira.
Cuando quien ha mentido revela que así lo hubo hecho, puede creer que transformó la situación: que de esa forma puede haberse vuelto "confiable", "honesto" en su proceder...
Por favor, dejémonos de joder!

Ven que cualquiera puede escribir sobre cualquier cosa?
Au revoir.-

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