jueves, 21 de febrero de 2008

El virus de Los Pescadores Anónimos
Ya comenté en otra parte de acá que este blog cautiva con sus letras (me refiero al de los Pescadores Anónimos, no a éste... tá?). De hecho, y recién leyendo una de sus entradas, de la mano de Gilgalad, me vino al punto el hecho de reconocer que algunas letras, escritas sin esa pedante intención de sumar otro dato cuasi intelectual a este orbe de por sí necio de necedad absoluta, bien pueden hacernos ver en el espejo de algún momento de nuestras vidas. Una suerte de transferencia, como si, de repente, la lectura te llevara a pensar que o están hablando de vos o, por esas permutaciones que nos permite la locura, pensar que, a lo mejor, estás leyendo algo escrito por otro que no es otro que uno mismo (Gilgalad, querido, por las dudas no vaya a ocurrírsete que me estoy atribuyendo tu letra... ja ja).
Y todo ésto me puso a mí mismo a releer algunas cosas que tenía guardadas en el cajón digital de los recuerdos... Por eso y nada más que por este intrincado juego mental en que quedé momentáneamente suspendido, como el pez que mordiendo el anzuelo intuye el cambio abrupto de su nomenclatura, es que subo (no con cierta dosis de capricho) una de esas letras del 2.004


Jamás compré boletos
para viajes que no son míos.
Adquirí en silencios
burbujas de sexo y carne podrida
en cóctel de cerveza, vodka y vino.

Soy inmortal, lo supe siempre,
aunque estos huesos y esta piel
vayan zigzagueando al tiempo
que un día me pondrá genuflexo;
eso sí: aun podré escupirle su cara.

Mi pija enhiesta si se le antoja
elabora sus monólogos ininteligibles
mientras la miro vivir sus delirios.
O, la muy puta, se escurre fláccida
cuando le pido y siento su negativa socarrona.

Tiré varias veces la moneda.
A veces me arrepiento, otras no tanto.
En ese camino en que quise ser santo
me llevaron encrucijadas y, en banales abrazos,
me postergué como a esta fe olvidada…

No hay comentarios.:

Publicar un comentario