jueves, 10 de enero de 2008

Larga Vida al Parrillero!!
Hace tres años salimos para poner la parrillita en la terraza... fue una odisea que nos llevó hasta el cementerio de Flores y nos devolvió a casa a la espera de un medio tambor con campana, tapa y todo de color verde oliva... Nos gastamos un huevo y nos dió sus alegrías y, como ese bombo legüero de la canción, ... dando su vida, asando cantó!. ¿Qué otro camino quedaba luego de haber vivido una vez que desde la terraza de arriba bajaba un tenedor sujeto por un hilo pinchando dos choris que los vecinos se habían apiadado de vernos ahí abajo relamiéndonos por una carne asada? Mi interior se dijo, entonces, negrito esto no puede ser, vos necesitás tu parrillita, sos un criollo venido a menos pero criollazo al fin (mi vasta ascendencia lo avala aunque carece, obviamente, de parrilleros habida cuenta que esos menesteres no eran propios para la familia; actualmente sí, no por aggiornados sino, más bien, por los oxidados blasones)
Qué emoción al verlo con sus rueditas en la terraza dominando austero el paisaje de Caballito y esa primera vez que, recién llegado, el que lo trajo me bate ojo, no hagas un asado todavía, hacé un primer fuego para que siente la pintura y después dále que no cumplimos un catzo porque, a pesar del frío y del viento, las brasas ardieron para darnos sus primeras carnes.
Se fue pudriendo de a poco y moviéndome a reflexionar que, en materia de negocios, sigo y seguiré siendo un inepto. Por suerte no se quemó nadie cuando un par de veces, en medio de la faena parrilleril, se sacudió el paño y volaron las carnes de lugar atribuyéndolo —falazmente— a una movida de la estructura hasta que descubrí que al menos 30 litros de agua se habían acumulado silenciosamente tras varias lluvias en el medio tambor sobre el que descansaba el piso para hacer la fogata y que produjo, como por arte de magia, algo así como un efecto geiser por el agua que hervía por debajo que, afortunadamente, no hizo mella en nadie menos en este rostro divino que me dieron mamá y papá.
Pero la nostalgia, c'est an garch como dijo el pensador francés, intelectual de cuño aherrojado por hontanares seculares de rancia cultura. Al carajo con el chulito como quien larga el gargajo que lo acucia. Y si antes había costado un huevo, amigos míos, aquí ponemos el otro huevo, faltaba más. Se viene la parri parri, de material, más grossa y con tres paños para que el fueguito inicial (máxime si lo acometen Sergio o Johnny Valdez, en ese orden) no termine garcando los fierros.
Larga vida al parrillero! que, según se asevera en forma condescendiente, hace mejores carnes que las que comen los extranjeros por estos pagos con sus euros globalizantes. Eso, lo sé, es porque Chacho (carniza-proveedor con asiento en súper chino -volvemos a la globalización-) se babosea por darle los mejores cortes a los escotes que pispea como queriendo asarlos vuelta y vuelta.
Por eso mejor mandar a la china sola para provecho de todos que si va el tipo se pasa dándonos giladas. Al menos, en éso, hagamos un pequeño negocio.

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