domingo, 20 de enero de 2008

Estreno de parrilla
y brevísimo curso visual para principiantes (en tres pasos)


Pues bien; habré de dirigirme a todos ustedes con la suficiencia que aporta la praxis, acá hay un paisano que ha sabido asar chorizos y partes de pollo ensartándolos a los alambres choreados de un cerco (bien podría decirse que el término "chorizo" en referencia al amigo de lo ajeno, el "chorro" que forma parte del argot nuestro actual, bien pudo haber provenido de este episodio de "chorear" alambre para el "chori", más asumo que sería pensar como un megalómano)
No lo tomen como una postura soberbia, es un hecho. A lo largo de mi existencia banal, supe de bastantes parrilleros que luego de fama bien obtenida no las pudieron sustentar, parece que sin largar se cansaron en la partida (fraseo del Martín Fierro en orden al punto criollo a tratar)
Es cierto, a qué negarlo, que los hay que poseen el don para sacar los cortes que descansan en los fierros a fuego dominado con una soltura y un tempo que es digno de elogio. No es mi caso, aunque nadie pasó hambre cuando tuve que aplicarme.
Pero hay otro aspecto que quiero resaltar y es el referido al estreno de la parrilla en sí, a una suerte de desvirgamiento del elemento, si cabe la expresión. Con el artefacto que podrán apreciar en estos cortos he llegado a hacer debutar a tres. La anterior era el chulengo que fue sustituido por razones de prudencia y el primer caso se remonta a un lejano día de otoño del ochenta y pico cuando tras amarrar el buque La Noia de Pae en el arroyo Pajarito, bajamos a hacer un asadito cuasi náutico y el señor de la nao informó que la única parrilla, que había venido en el inventario del barco, era una de pie que jamás había tenido uso y ya delataba cierta herrumbre. Igual se chuparon los dedos.
Apunto este aspecto para que tengan en cuenta que algunos que la van de bravos olvidan que es facilongo hacer la carnecita con las parrillas ya curtidas, casi domesticadas hasta un ápice infame. Otra faceta es agarrarla de primera mano, hablarle, hacerle el filo chamuyero, conocerla cuando calienta bien para entrarle con la carne, en qué posición habrá de sernos más productivas, etc etc. Es como montar a una yegua chúcara y es el desafío del warrior de las brasas.
Por estas razones, me permito a mis amigos principiantes dar unos consejos en tres pasos respecto del inicio de una buena carnestolenda.

* paso 1= La previa para no estar a lo distraído por si justo os filman

Unas imágenes valen más que millones de palabras. Veamos :


* paso 2= Encendiendo el fuego

Ojo, puede pasar que, como mi edecán, te sobre prendiendo un fuego con una hoja seca y unas piñas todavía más como me aconteció en Cariló hace poco. Pero son casos excecpcionales. Apreciarán el sistema ya trillado del papel de diarios y unos palitos en donde los carbones rodean mansamente. También se puede hacer con los siguientes métodos que domino y que no hacen preciso los palitos o ramitas secas: la de la botellita, con sus anillos de papel; la del pancito con la miga húmeda de alcohol; las pastillitas del súper o bien, lisa y llanamente, mandarle alcohol a full a los carbones y luego tirarle el fósforo. No recomiendo mucho ésto que no falta nabo que le prodiga ese elemento flamígero cuando está arrancando cansinamente el fuego y la quemadura es inevitable (una vez mi abuelo Jorge se volvió de un asado fracasado puesto que el asador se mandó a tirarle nafta desde un bidón viendo que no agarraba y ese fue su último desacierto en esta tierra -el hecho es rigurosamente veraz y aconteció en Jujuy hace como 30 años-). Veamos:

* paso 3= Distribución de los cortes

Acá va en el gusto y en la pericia de cada uno. Yo como me surten de buen corte de costillar y no esa merda finita de súper o de parrilla libre, tiendo a colocar la carne al principio un tanto alejada del fuego para que vaya tomando temperatura onda de lejos, emulando una carne al asador que es cuando la tenés en cruz. Es una falacia pero a mí me van los temas falaces. Los choris, obviamente, un rato más tarde que salen más rapidito; si no fuese así el choripan no sería tan famoso por su propiedad de manduque al paso, giles!. Veamos:

No hay comentarios.:

Publicar un comentario