viernes, 25 de enero de 2008

Anécdota de (papa) nauta

Sería el '83 o el '84, no puedo precisar y el amigo Horacio me invita a navegar con su viejo en su "Esculapio" que era un Alpha 25 que supieron tener por bastante tiempo y muy gauchito o "gauchita", porque también le decían, cariñosamente, "la chancha". Esto de los géneros para los elementos náuticos daría a reflexiones muy hondas a los que están acostumbrados a mis segundas y ulteriores intenciones pero la cosa no pasa por ahí, estamos? Digo porque podés llamarlo "el" barco, "la" nave, lo cual traduce una cuestión de índole semántica que no pretendo abordar, como dije. Ah, "abordar", saben, en términos náuticos... ok, la corto. Siempre me disperso...
Sigo con mi relato, el tiempo transcurrido, casi un cuarto de siglo, me pone los pelos puntanos, ¡pasa el tiempo, joder! Bue, la cosa es que llego a la Marina Punta Chica a unas cuadras de mi casa de solterito, allá en Béccar, San Isidro, donde aún viven los viejos y enfilamos a la nao. Horacio me presenta a Carlos, su padre (el que, después, me sufriera por casi cuatro años como "yerno" que me emparejé con su hija, la hermana de mi amigo, código éste que nunca cumplí a rajatabla; me refiero a no meterse con las hermanas de los amigos).

Empieza la navegadita, Horacio, con su afán docente característico (el mismo que aproveché en otra oportunidad para un curso express de inglés que me estaba yendo a Europa) saca un mapa náutico, compás (me refiero al comunardo, de colegio, no la brújula) y lápiz y me enseña como se traza un rumbo.Yo, obviamente, me consideraba ya un nauta aunque no supiera trazar un rumbo (que sería, grosso modo, el derrotero que vas a emprender con el barco mirando un mapa). Y cómo no iba a ser así! Por favor! ese entonces curtido cuerpo de adolescente que me contenía ya había navegado un par de veces el canal del Beagle, una de ellas a bordo de la motonave "Barracuda" de lo que puedo aportar certificado, y también surcado las aguas frente a la costa santacruceña aunque nunca en un velero como ahora. Me creía, en ese afán grandilocuente que caracteriza a una parte de mi familia lo que traduce una impronta patológica de nuestros genes, que si seguía el árbol genealógico en ese momento seguramente llegaba su raíz hasta Américo Vespucio. Navegar: ¡A PAPÁ!!

El tema es que luego de aprender lo del rumbo, mirar las estrellas y el compás (ahora me refiero a la brújula), emito este aserto dirigiéndome al padre de mi amigo:
-Algo anda mal porque si tenés en cuenta como estamos navegando, el oeste es para allá

Señalo a mi derecha que coincidía con la derecha del barco mirando a proa, o sea: estribor.
Opera un silencio verbal (el vocablo "operar" no es vano, Carlos es un gran neurocirujano; se escucha, mansamente, el agua que es herida por el andar majestuoso de la nave como si un estilete abriera sus entrañas que pronto se cierran, la ausencia de palabras la tengo como una admisión a mi reflexión ... de pronto el viejo de Horacio me mira y sin soltar la pipa de la boca me dice:
- eso sería cierto si estuviéramos navegando en el mar

Plop!, qué forro me siento! qué pedazo de boludo soy!!!, claro que sí, estamos navegando en el Río de la Plata, entienden??? no estamos en el mar!! no estás, Negrito, navegando en el Océano Atlántico camino al sur teniendo paralela la costa argentina en donde sí el oeste está a tu derecha y más allá Los Andes!!! Las estrellas están en el lugar que deben estar y yo estoy tan perdido como siempre que nunca le atino, siquiera, al nombre de la calle que está a dos cuadras de donde vivo!!!Te das cuenta? es como si un día entraras a una casa por la puerta de enfrente y te topás de cara con el living y otro día volvés a entrar pero esta vez por una puerta del costado y ves el living a tu derecha y le decís al dueño:
- che, te cambiaron el living de lugar!!!

No hay caso, la razón debe estribar en que Vespucio no es de la familia.-
* La foto ilustra un momento actual del navegante Horacio a bordo de su barco de estos días que es el "Spray" y que salió en una revista del palo para su felicidad. Salute, amigo. Gracias por esos momentos, a ver si los podemos repetir con Ale.-
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NOTA: Esta entrada, al momento que escribo estas líneas ya había cumplido más de cuatro años y medio. Estoy en octubre de 2012 con una congoja grande en mi corazón ya que hace unos días (el 24 de septiembre) mi amigo queridísimo y hermano de esta vida, Horacio Aníbal Ansinelli, se durmió para siempre en las aguas del Río de la Plata frente a la costa uruguaya.
Mi cariño y mi recuerdo para siempre a mi compañero de colegio, compañero de facultad, compañero de maestría, compañero de profesión y vocación. Te quiere, Ricky.-