sábado, 3 de noviembre de 2007

Jugando a ser pobres
"Por la tristeza de los niños ricos", pregonaba —entre otros latiguillos— un spot de campaña hace un par de elecciones presidenciales atrás, mostrando una urna donde iba el sobre y diferentes vicisitudes que no escapaban a la sensibilidad del candidato. Digámoslo: el candidato fue reelecto y, años después, en otra campaña, sacó más votos en primera vuelta que su seguidor el cual, a la postre, agarró la banda presidencial por deserción de aquél en el ballotage lo que vendría a significar algo así como "no me ganaste vos, me dejo ganar" tipo lo que este escriba hacía de pendex cuando veía que la derrota tenística se le venía encima y a fin de fastidiar más al adversario jugaba las pelotas ex profeso fuera o bien no respondía a sus saques. Cosa de pibes, confieso. Igual, no me gusta perder aunque aprendí que la simulación de buen derrotado coadyuva a enaltecernos como caballeros.

Yo me figuro, cotidianamente, que este mundo está repleto de pelotudeces. Leonardo Favio contaba que su abuela le decía que seríamos potencia mundial exportando mermeladas, mermeladas de qué? le inquiría el gran Favio y la respuesta era: mermelada de boludos. Preocupémonos, entonces, porque, en este rubro, parece que pueden derrotarnos. Hay ricos en el mundo muy embolados, tristes casi, que cómo no saben qué tipo de emociones les falta probar, parece que les allegaron la posibilidad, entre otras, de sentirse en el pauperio. Sentir en esa carne acostumbrada a los lujos, la inasible precariedad del menesteroso como, por ejemplo,
vivir un día como mendigos pidiendo limosna. Y parece que el tema les ha parecido excitante.
Acá tenemos un filón: que pasen por cartoneros un par de días transitando los desechos con nuestros hermanos postergados por el sistema. Pero de verdad, no a medias. Privémoslos, al menos por 48 hs. de sus tilingadas diarias, que se caguen bien de hambre para conseguir un cacho de comida. A ver si eso les parece cool.
Quieren adrenalina estos forritos, ojalá que alguien se las prodigue a granel; ojalá que pierdan todo por cualquier circunstancia, no me importa, que se les esfume hasta la última monedita de mierda que tengan para que, cagados hasta el extremo a que te lleva la suma total de las privaciones económicas, puedan salir de la melancolía.
A ver si ahí son capaces de gritar, cual Alterios, La puta que vale la pena estar vivo!

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