domingo, 21 de octubre de 2007

Idiosincracia argentina, final del Mundial de Rubgy 2.007

Acaban de coronarse campeones los que nos dejaron en el camino, los únicos con los que cayeron los Pumas. Leí bastante sobre lo digno del seleccionado en cuanto a haber llegado al 3er puesto en su máxima performance mundialista. Pero, sí señores, entiendo el sentimiento de estos hombres que describen cierta desazón por no haber podido llegar a la final y más: ser campeones. Eso me gusta.
Ustedes imaginan a un país, digamos, de esos que llaman subdesarrollados y que nosotros podemos entender conceptualmente comprendido al nuestro en ese rubro frente al denominado Primer Mundo (aunque, claro, no nos identificamos o no toleramos para nosotros aquella peyorativa calificación) festejando ese puesto como si fuera una gesta? Probablemente, no? Piensen en *** (pónganlo en su mente porque si va acá alguno que se me ocurre me van a caer encima)
No me malentiendan, no hay demérito en el acceso al podio sin haber llegado a la final. Por favor! Lo que quiero decir es que, aun cuando en este deporte no hayamos sido adalides mundiales o nos miren de afuera como si fuéramos extraños a la élite, me encanta, adoro, esa idiosincracia nuestra de sentirnos que podemos ser los ganadores absolutos aunque no nos respalden los antecedentes. Y no hablo de la imbécil atribución a nuestra petulancia. Hay algo, algo profundo que nos identifica a todos nosotros y es sentirnos que podemos, siempre, ponernos de igual a igual con quién carajo sea. No desde la soberbia de creernos mejores para dar pábulo a los divaneros de que es, en definitiva, una muestra de algún complejo de inferioridad. Nada que ver, déjense de hinchar los huevos.
Si alguna vez pisaste la vieja Europa, o cuando lo hagas, o la América boreal, seguramente te habrán de fascinar ciertas conductas institucionales o bien su tecnología y organización pero, claramente, sentirás que podés adaptarte perfectamente y que te merecés vivir así, incluso.

De dónde te vienen esas ínfulas, entonces? De dónde te proviene la idea de que a pesar de haber nacido en nuestra tantas veces vituperada Argentina vos te merecés algo así? ah? Del orgullo gaucho, papito. En el fondo, aunque no parezca, sentimos que podemos y que nos merecemos la cima. Y está bien. Sea, en este caso, en el deporte. Bien por Los Pumas, muy bien. Pero queremos más, ellos querían más... O acaso pensabas, por ejemplo, que en materia de fútbol, si no hubiésemos sido campeones mundiales a la postre, nos habríamos llenado la boca mentando que fue una hazaña ser subcampeones mundiales en la primer Copa?
Está bien, es hidalgo llegar deportivamente, y en todos los órdenes de la vida, a la competencia cumpliendo un papel elogiable. No obstante, ciertas insatisfacciones todavía pueden ser el motor que nos saque de otras apatías en las que vivimos y uno se colma, no lo niegues, cuando trepaste a lo alto, bien alto con tu conciencia en paz.

Pensá: creés que si somos 3eros en el Mundial de Fútbol Sudáfrica 2010 vamos a andar festejando? No, claro. Queremos otra Copa de nuevo. Y si Sudáfrica, hoy campeón mundial de rugby, verdugo de nuestras ovaladas aspiraciones, llegáse 3ero, sabés qué?: darían una vuelta olímpica por haber llegado más lejos que nunca en su historial. Te apuesto este blog.
Los Pumas, con la celeste y blanca (metáfora de las metáforas), habrán sentido que ese hecho de portar los gloriosos colores son un pergamino en sí mismo. Y sí, confieso: tengo la argentinidad al palo, desde mi equipo suena la Bersuit.

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