domingo, 19 de agosto de 2007

Sobre Escritores, la Necedad dixit

Bueno, pensé que ya que había tomado de Erasmo el título de su siempre vigente libro, podría aprovechar para colgar alguna parte interesante. Si bien ya encontré el librito que creía extraviado, se me ocurrió pensar que internet debe proveerte más fácil algún párrafo del renacentista ya que, acá, nihil novi sub solis.
Por eso de la revista on line chilena "Escáner Cultural ", nro. 45, extraigo la siguiente parte para compartir qué nos dice la Necedad sobre los escritores.

Hay que ver cómo se pavonean cuando son alabados por el vulgo; cuando la multitud los señala con el dedo diciendo: ¡Miradlo! ¡Es el famoso Tal!" Cuando contemplan sus obras en las librerías y cuando en las portadas de sus libros aciertan a colocar unos títulos raros, muy a menudo extraños, que asemejan caracteres mágicos, y que, ¡por los dioses inmortales!, no son sino palabras hueras. Y, dice Erasmo, que aun cuán pocos se encontrarían en la extensión del globo que los conozcan y cuántos menos todavía, que los ensalcen (que también entre los indoctos hay diversidad de paladares)...

Pero lo más gracioso del caso es verles enviarse mutuamente epístolas, poesías y elogios, donde se alaban recíprocamente los necios y los ignorantes. "Tú eres superior a Alces", dice el primero. "Tú - replica el segundo- vales más que Calímaco." "Tú eres un Cicerón", grita uno. "Y tú eres más sabio que Platón", le contesta el otro.

Todos ellos, "creyendo que están en conformidad con las reglas del Arte arrugan el entrecejo aparentando profundidad y hacen retumbar en los oídos los títulos pomposos de doctores solemnes, doctores sutilísimos, doctores seráficos, doctores santos y doctores irrefragables. Entonces, lanzan a la cabeza del ignorante vulgo un diluvio de silogismos, mayores, menores, conclusiones, corolarios, suposiciones y otras insulsas majaderías y tonterías archiescolásticas'.

Queda el (...) último acto, en el que conviene mostrarse consumado maestro. Allí ponen a referirnos algún chascarrillo necio y trivial, sacado seguramente del Speculum historiale o de las Gestas romanorum, e interpretan su sentido alegórico tropológico y anagógico, y así acaban su discurso, monstruosa quimera, a la que no se aproxima ni aquella que describe Horacio en los primeros versos de su Arte Poética: "Humano capiti", etc."

Ja ja, y termina la Necedad, sobre este punto, haciéndonos reflexionar:

Sin duda, comprenderéis ya lo mucho que me deben estos hombres, que con sus ceremonias, sus ridículas simplezas y sus clamores, ejercen sobre los mortales una especie de tiranía y, además, se creen otros San Pablos y San Antonios

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