lunes, 6 de agosto de 2007

La
no es como el trigo

Mi inefable amiga Marcela G., a días de cantar los 40, me envía para que consulte una publicación que, dice, será de mi interés y se intitula "Sexo solitario. Una historia cultural de la masturbación" de Thomas W. Laqueur (v. pag. del Fondo de Cultura Económica), aportándome esta suerte de sinopsis de la publicación:

'Sexo solitario' es la primera historia cultural de la práctica sexual más común y extendida del mundo: la masturbación. Cuando casi todas las prácticas sexuales cuentan con defensores públicos y los actos sexuales forman parte de las primeras planas de las noticias, la más sencilla y habitual de dichas prácticas resulta vergonzosa, incómoda e incluso radical cuando es admitida abiertamente.
Sin embargo, esto no siempre fue así. El sexo solitario como un tema médico y moral importante puede ser fechado con una precisión poco frecuente en la historia cultural: el "vicio solitario" entra en escena alrededor de 1712. Criatura de las Luces, la masturbación en principio preocupó no tanto a los conservadores -para quienes era uno entre los numerosos pecados de la carne- sino a los progresistas, quienes aceptaban gozosos el placer sexual pero luchaban para crear una ética del autogobierno.
Así, la masturbación se convirtió en un tema de interés ético tanto para hombres como para mujeres, para jóvenes y adultos.Thomas W. Laqueur revela cómo y por qué este modesto y alguna vez oscuro medio de gratificación sexual se convirtió en el gemelo maldito de las grandes virtudes de la sociedad comercial moderna: la moral individual autónoma y privada, la creatividad y la imaginación, la abundancia y el deseo. Así, muestra cómo un problema moral se convierte en problema médico, cómo algunos de los científicos más importantes de los siglos XVIII y XIX culparon a los placeres solitarios de producir daños físicos, mutilaciones e incluso la muerte. A principios del siglo XX, Freud y sus sucesores transformaron esta tradición al definir la masturbación como una etapa del desarrollo del hombre y, finalmente, en el ocaso de ese siglo, la masturbación se convirtió para algunos en el elemento clave en la lucha por la liberación sexual, personal y también artística.El historiador Thomas W. Laqueur, a través del análisis minucioso de materiales tan diversos como la Biblia, textos médicos y filosóficos, diarios, autobiografías, el trabajo de artistas conceptuales, materiales feministas y pornografía, nos presenta la historia de lo que ha sido el último tabú.

Miren uds. qué cosa. Esto puede servir para aquéllos que me han dicho que este sitio estaba teniendo contenidos un tanto vulgares. Bah!
Pueden apreciar que, en forma profunda, se trata un tema delicado y, advertirán, nada menos que en publicación del Fondo de Cultura Económica. Touché!. Pero, claro, no es lo mismo que un pobre jeropa opine del asunto a que lo haga alguien con ciertos visos intelectuales (hasta rastrear eso de que arranca el mano tutti como fruto del Iluminismo).
Lo que puedo añadir a lo que surgiría del libro de marras, acorde al contenido de este prólogo (sin caer en el burdo aforismo de "el buey solo bien se lame" porque algún vivillo puede acotar "pero con ayuda lo hace mejor"), es que esto de "vicio solitario" me parece un tanto forzado para estos tiempos y que más que práctica oscura sería una práctica blanquita.
Hasta donde me informa la experiencia que otros me han transmitido en persona y algunas publicaciones no tan elevadas como la de esta entrada, las tocaditas pueden ser hechas por un par o una impar o multitudinaria. No hay nada peor que sentirse solo en cruciales momentos y de allí que el sagaz ingenio popular que no conoce descanso, haya puesto en los anales del "Masturba Sutra" la famosa "dormidita" que, no será como la hendidura de la caña de bambú que nos provee la erótica literatura hindú, pero que viene en auxilio del desolado y consiste en estar sentado poniéndose la mano hábil un rato bajo el glúteo respectivo y cuando está dormida por el efecto vasoconstrictor, se procede, entonces, a bambolear el bambú de tal suerte que el actor asume que otra persona cumple el menester habida cuenta que la falta de sensibilidad le impide reconocer a su extremidad manual como propia.
Las hay de variados tipos, pej. "paragüita", pero no es el caso tratarlas acá.

Freud equivoca si mantiene, entre tantos yerros, que es una parte del desarrollo del hombre (comprendiendo al género humano, eh?; o sea: ellas + ellos) puesto que, si así fuera, muchos de mis veteranos conocidos deberían estar consultando a un endocrinólogo interrogándolo al galeno si aún les resta crecer porque no se curó de la puñeta... Doctooooooooorrrr, esta mano no me hace caso!!!!!!
Si sí, ahora algún nabo lector puede decir que lo que Sigmund apunta es al desarrollo psíquico. No es el caso, tampoco, porque, de ser así, ninguno termina de desarrollar su psique porque se sigue haciendo la boba. Estamos?
También se nos dice que a finales del siglo pasado, la estimulación autosatisfactiva se convirtió en elemento clave para la liberación sexual, personal y artística...
Mmm, qué se yo. Está bien que algunos no tienen problemas en reconocer abiertamente que se aporrean el canario pero de ahí a decir que eso lo libera personalmente... mmm, y digo: esta cuestión de liberarse artísticamente cómo hubiera servido en la vida cuando mamá te golpeaba la puerta del baño para que salieras (ibas por un duchazo que ya frisaba las 2 hs) y vos haber poder respondido no jodásssssssss que estoy cincelando la estatua!!!... así no se puede crearrrrrrrrrr!!! agghhhhhhh... y después de haber finiquitado el momento gritar a los cuatro vientos, cual Nerón, "qué artista se pierde el mundo!"
Ojito, amiguitos, uds. saben que para los varoncitos el tema es, digamos, más engorroso porque enchastra de verdad, así que sugiero a aquéllos que hagan de la pintura su arte, llevar siempre la toallita para limpiar el pincel y lo que haya volcado la paleta. Y, de paso, vamo' a fondo: lleváte el gorrito, el pintorcito, todo todo, y vos con cara de Dalí. A ver quién osa enrrostrarte el mote de "pajero".

Es cierto, y lo asumo como católico, que la Iglesia no toma este tópico con buenos ojos. Y está bien que así sea porque, me sumo, es un hábito pagano.
En efecto, si pudiera acudir ipso facto a mis amigos a qué expusieran acá sus biografías, habrán de notar en que todos coinciden (o, al menos, un 90%) que en las furiosas épocas en que estaban enviciados, en los albores y hasta el ocaso de sus adolescencias (hablo de estar a full todo el día, tamo?), difícilmente los hayan pescado, agarrado con las manos en la masa. Y por qué? Sencillamente porque, como habrán escuchado algunos, "el pajero tiene un dios aparte".
Algunos más eruditos han visto en ello el famoso tributo al "ignoto deo" que vió el apóstol en sus paseos por tierra de helenos (recordarán el episodio de Pablo en el Areópago dirigiéndose a los paganos de entonces que habían puesto íconos a todos los dioses incluso hasta para el "dios desconocido").
En resumen, obviamente que el manoleo puede llevar al paganismo habida cuenta que unos terminan creyendo que, como no los cazaron nunca tallando el mazo o la masita, tienen una deidad desconocida a su favor y en eso, la Santa Sede no puede errar. Adscribo y aguardo que esto no sea tomado como blasfemo.
Para finalizar, aparte de poner la tapa de la publicación que comentamos (que aconsejo asir con guante de látex para su lectura apropiada), agrego otra de la tapa de un disco del grupo "A palo seko" que, al parecer, se introduce musicalmente en estas honduras y de quiénes no tengo ni la más puñetera idea. Au revoir.-

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