jueves, 30 de agosto de 2007

Cosas del Fútbol y de la Vida
Esta semana, seguro muchos sabrán, falleció un jugador jovencito, de 22 años, que jugaba para el conjunto del Sevilla español de apellido Puerta. Durante un partido se sintió mal, se desmayó y a pesar de irse caminando del estadio pasó a la otra vida por unos paros cardiorrespiratorios sucesivos que habrían sido consecuencia de una insuficiencia congénita que no dio abasto para la alta competencia por el requerimiento físico implicado.
Esto, claro, generó flor de polémica para saber por qué en el 1er Mundo Futbolero, en donde España, Italia e Inglaterra derrochan millones de euros en sus Ligas, podían pasar este tipo de cosas, cómo es que no se detectó a tiempo la dolencia y se le prohibió al sujeto jugar (aunque se supone que él sabía de lo suyo), y un largo etcétera que, incluye, cuando no, la atribución de una porción de responsabilidad al club por no contar con un servicio de asistencia médica apto y con toda la parafernalia para evitar estos casos que, fundamentalmente, se atribuye a la falta de desfibrilador. También, hace un tiempo más largo (en una larga cadena de ejemplos a la que no es ajeno el búfalo Funes) está el caso del jugador africano que se desmayó en campo de juego futbolero y expiró a consecuencia de un infarto masivo. Ambas muertes, amplificadas por las cámaras de TV
De acá, entonces, que la FIFA haya ordenado, entre otras medidas, que para las eliminatorias mundialistas se tenga la aparotología y la capacitación suficiente del cuerpo médico para atender estos infortunados eventos.

Miren, el fútbol, de por sí, como deporte de élite, no sólo gasta fortunas en pases de jugadores, sus contrataciones y todo lo que de ello deriva: televisación, marketing, insumos y la mar en coche y el río en motobike.
Hacer de esto una suerte de cuestión humanitaria porque la desgracia se llevó lamentablemente a uno de ellos, astros actuales, me parece un desacierto obsceno cuando, por ejemplo, en nuestro país falta lo mínimo indispensable para proveer a un dispensario de provincia. Pensá vos si se van a hacer problemas porque en La Quiaca ni siquiera tienen un aparato de rayos x de última generación y ni qué hablar de los tomógrafos computados que son rarísimos de ubicar a lo largo y ancho de este generoso y vasto país a no ser, por supuesto, que, como uno, estés usufructuando una prepaga y minga a la salud pública. Vos pensás que, a lo mejor, los funcionarios popes van a tomar bajo igual protección al jugador para que no le falte esto en desmedro de nuestras nacionales coprovincianas (y toda aquélla que quiera habitar en el suelo argentino, Carta Magna dixit) cuyas mujeres hasta carecen de la posibilidad de hacerse un papa nicolau?; no, querido, ellos saben de prioridades, no van a defraudar. Te pregunto, aparte, el sistema de salud en los cuatro puntos cardinales de esta República debe depender hoy en día de cada provincia o municipio en donde perfectamente sabés que se brinda mejor salud en un lado que en otro de lo que se deriva, entonces, que en materia de salud no somos iguales en este país. Y no jodan con que depende de cada provincia o municipio cómo se administre; para eso, entonces, centralizálo; que la Nación los preste por igual en todo punto y a costa de todos en igualdad de condiciones y si te suena medio unitario el concepto, lo siento, no está en mi ánimo pero así son las cosas. Pensá lo que quieras, en mis venas todavía corren mis ancestros federales con sus genes y yo soy nacido tierra adentro pero, joder!, puede seguir siempre la cosa así?

Este país nuestro dado generalmente al ridículo por los ridículos que pontifican a viva voz y la mayoría de los ridículos que les prestan el oído, levanta presto el guante de la infausta noticia para ahondar en investigaciones periodísticas sobre qué tipo de recursos tienen nuestros gloriosos clubes de fútbol, archicampeones mundiales incluso (cuyos títulos sobrepasan, globalmente, a todos los de España -en éso nos volvimos regios-), para llegar a la conclusión de que los jugadores están desprotegidos...
Cuántos casos se te vienen a la mente de personas que fallecieron tras o durante un partido? Yo podré pifiarle en el ámbito profesional por si me falla la memoria pero, te cuento, conozco dos casos en mi vida: el del padre de un amigo, a sus 28 años, y el del hermano de otro amigo (ambos fueron compañeros de colegio mío) que falleció antes de los 18. Y sé de otros que me contó algún que otro conocido al cruzar nuestras habilidades en un fútbol 5; me pregunto, nomás, si el estado nacional no andará siendo el responsable por permitir que sus ciudadanos practiquen deportes que ponen su vida en riesgo sin pasar antes por la revisación médica obligatoria... (es una ironía, aunque, en materia de responsabilizar al estado para abrir huecos y llenarse los bolsillos algunos, puede no resultar irrazonable)

Lo siento por Puerta, claro. QEPD. Pero, sinceramente, dejémonos de embromar con esta cosa del futbolista como ser desprotegido. Más vale, argentinos, que siguiendo la apreciación del español Ortega y Gasset nos ocupemos de nuestras cosas. Y, nuestras cosas, no son sólo el mundo del balompié que, aparte, lo subsidiamos largamente con toda la asistencia policial que se envía a los "partidos de riesgo". O vos quién te creés que paga los adicionales de los uniformados para que 22 chavales anden corriendo tras la redonda? Sale de tus bolsillos, jilguero. Del mío, del tuyo. Vos cuando vas a laburar te ponen custodia de primera o, a lo mejor, te protegen para que no te lleve puesto el piquete?; tiene tu empleador el desfibrilador para darte los primeros auxilios o, al menos, el botiquín necesario? Vos, acaso, a lo mejor, no te rompiste el culo estudiando o laburás como burro para ganar una miseria mientras tus hijos te ven como una cucaracha y ellos quieren ser miembros del planeta fútbol?
Pero, guarda, eh? La pelota no se mancha.

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