miércoles, 8 de agosto de 2007

Andrea BODY

Lo prometido es deuda: les presento a ella quien es autora de "Prisionero", que está en la entrada del 23 de julio de este 2.007.
Están viendo parte de una producción muy cuidada, en donde fue fotografiada a rabiar dándose a modelar después de tantos ruegos.


Hay más; muchas más pero —debo admitirlo— ella anda en poses más etéreas y no creo que la mayoría de los gamberros que puedan frecuentar esta página así lo entiendan.









Cómo definirla? cómo asirla si te dice que sos el amor de su vida y vos bien sabés que es una metáfora puesto que siempre fuiste como el perrito abandonado en la calle que siempre mueve la colita ante una caricia? ah?.



Ni un piquito de cumpleaños, casi fraternal, hemos tenido ni nada que se le parezca; he comprendido que ella a lo que ama no se le acerca, mantiene una prudente distancia en donde prefiere la ilusión al mal recuerdo y yo — que, modestamente, fui la «ilusión» de alguna que otra fémina— lo entiendo porque, en otras palabras, quiere decir que sos una cosa distante, casi ajena.


Una vez me confesó, con esa profundidad que la caracteriza y delante de terceros para que el golpe tuviera más efecto: negro, yo si beso me enamoro... y uno bancando la contradicción porque esos labios en la semana habían hecho de las suyas en un antro dado a la nocturnidad pero, mirá vó, no se había enamorado del sujeto.


Igual, lo nuestro es un código, un subterfugio.

Ella sabe que la quiero desde el corazón y eso basta. Y, fundamentalmente, sabe de mi ego desmedido que no admitiría que me diga, precisamente, que está enamorada de algún pelandrún.



Esta cosa de no haber tenido hermanas a uno lo pone medio extraño en estas situaciones; el hecho de ser padre de una nena ha repincelado relativamente mi percepción del mundo femenino y lo digo sin grandilocuencia no vaya a ser que alguno crea que un nabo como yo no aprendió eso después de haber tenido algunas experiencias de pareja en su haber (todas hetero, por si a alguien se le ocurre el chascarrillo).




Yo estimo que mi género no conoce a las mujeres hasta que éstas ocupan otro rol. Sinceramente, no podés conocer a las mujeres desde la atalaya que sólo te deja ver a mamá o a la/s pareja/s.

Tenés que tratar de aprehenderlas desde ese otro lado en que vos tenés que obrar a guisa de guía, de gurú de sus infortunios; o sea: o como amigas o como hijas.

Y tan así deberá ser que, algún día, llegará el momento en que quien sea mi pareja por siempre deberá, necesariamente, ser también mi mejor amiga. Dejo para otra oportunidad el estadio en que el medio kiwi de uno deviene en mejor amiga porque hace a una temática que no puede abordarse lateralmente en esta entrada.



Retomando: jamás, por caso, a menos que tu superación posfinisecular sea de un nivel de avanzada, te vas a poner a escuchar las endechas amorosas que atraviesa tu cuchi cuchi o tu mami. No señorcito.


Así el asunto, soy una suerte de confesor maldito de esta ninfa que también nos trajo el sur. Y reconozco que mis métodos son un tanto agresivos, exentos de las sutilezas a las que soy propenso.

Si yo tuviera amigos buenos, en el sentido de "presentables", me encantaría que ella acomodara con alguno de ellos pero, se sabe, los amigos de uno, precisamente, no son para presentar a nadie de la familia ni a amigas porque por algo son amigos. Se entiende el silogismo?


Haciendo un poco de historia autorreferencial (jeje, se me pegó este término que execro), la primera vez que la ví casi me salta la cadena; son esos momentos en que uno, de caballero y creyente que es y que jamás atrevería a violentarse jamás con una dama (orgullo que aún mantengo a no ser que alguien postule que algún chirlo en el traste de mi hija me haya vedado ya la condición), piensa ay diosito, hacéme un milagrito chiquito, convertíla en hombre dos minutos que le bajo los dientes.

Yo estaba para ser entrevistado para un cambio dentro del mismo laburo y llego a una oficina en donde me espera el que al final sería por un lapso mi futuro jefe y esta chica con cara de pocos amigos, oficiando de secretaria, me manda a sentarme por un rinconcito como si estuviera hablando con Cacho el de la esquina de su barrio (atentti que no el Cacho Castaña que, por ése, ésta hace un desastre).

Una mala onda esta yegua del orto, pensé. Y no, era su forma de relacionarse de entrada. Al mes ya venía hasta mi escritorio y se tiraba en la alfombra y usaba, por poco, de almohada mis zapatos en esos 5 minutos de ocio que nos daba tanto trajín estresante. Odiaba que se metieran con su comida a punto tal que un día escuchaba sus gritos destemplados poblando la oficina, ella puteando a todo el mundo porque le faltaba la mitá del sanguche de su milarda y yo que me había olvidado de decirle que le había hecho una jodita que estaba en la silla que estaba metida en su escritorio...Se le transfiguró el rostro y, de la furia a la dulzura, mirando a todos, les dijo ah, si fue él, está todo bien.

En la actualidad, si hay asado en que acompañe la ensalada de papines, no se te ocurra mandar el tenedor al bol sin antes verla a ella: si ves que empuña de repente el tramontina sin decir palabra, te aconsejo seguir para el lado de la ensalada mixta. Yo te lo advertí, eh?

Ya saben que escribe y la fisonomía la tienen en estas fotos, agrego: psicóloga en ciernes, soltera, con ganas de vivir la vida... Intolerante con los hombres que dan excusa del tipo tengo a mamá con gripe o que, en halago groseramente desacertado, pueden llegar a decir sos como una Madre Teresa (a propósito, esto me recuerda a Espuma diciéndole a una chica, ya en edad de merecer, que ella estaba buena y que era casi un Falcón 80, todo original... pordió!) y una lista cuasi inagotable en donde, si se anima, puede registrar nuestras frases más lastimeras.



Esta es nuestra conejita de hoy. Suena Rodrigo con "La mano de Dios" y ella, taconeando, grita: a bailarrrrrrrrr!!!

Au revoir.-

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