miércoles, 1 de agosto de 2007


Ajá, y después dicen
que uno es el vicioso... por dió!

En una edición electrónica de diario argentino (Perfil) salió una notita por demás interesante que me gustaría compartir con Uds.
Decía la noticia:
MAR 31 de julio de 2007
Cuestión de estímulos
El amor, adictivo como el alcohol y el cigarrillo
Científicos londinenses aseguraron que la llegada del amor produce en el cerebro las mismas reacciones químicas que beber alcohol y fumar cigarrillos. Investigaron los cerebros de 70 personas recién "flechadas". Un estudio realizado en Europa y Estados Unidos reveló que la llegada del amor produce reacciones químicas similares en el cerebro a las que provoca el consumo de alcohol y el tabaco. Los dos científicos londinenses, que hicieron la investigación en 2000, aseguran que, luego de observar los cerebros de 70 personas recién "flechadas" a través de resonancia magnética, se obtuvo una imagen de un cerebro enamorado y que éste se parece a cómo queda cuando se consumió alcohol o drogas, como el cigarrillo.
Copié y pegué con word; para los inquisidores, arrimo el link:
Y bien? ah? si el flechazo, l'amore, l'amour, love, calentorum capochun, produce según estos eruditos de la ciencia, este tipo de respuesta que son análogas a fumarse un fasito o haberse clavado un drink, a qué título jodemos a los fumadores y a los que gozan del scabio?
Esto deriva en las siguientes reflexiones que, asumo, han pasado inadvertidas para estos científicos y que uno, desde su rol mundano, se ve en el deber de apuntarlo como contribución:
1º.- La Ley 1799 de la Ciudad de Buenos Aires que prohíbe fumar en lugares públicos es, lisa y llanamente, discriminativa respecto de aquéllos pobres corazones solitarios que, como sucedáneo ante un amor frustrado -como la mayoría de los amores-, se ven impedidos de encender su cigarrillo (sin olvido, tampoco, que han llevado a la tumba al chabón tanguero que frente al feca prendía pitillo).
Acá deberíamos los leguleyos bregar por la instauración de una acción positiva, en el sentido de que, comprobado que fuere que determinado sujeto a pesar de gozar del derecho natural de amar y ser amado no es correspondido, bien pueda encender libremente su chupetín de nicotina y alquitrán en cualquier lugar público para poder paliar la congoja puesto que un cerebro enamorado, según estos muchachos, manifiesta iguales reacciones placenteras con este estimulante que viene box, blando, o de a dié.
Ojo, que esto no es joda y pienso que para llevar adelante tal posibilidad el individuo deberá acreditar ante nuestros tribunales, como
si fuera un amparista, el "peligro en la des-amora" y la "verosimilitud del desecho". Sí, sí. Para que esto parezca que cumple con el latinísimo "fumus bonus juris" (esto es, derecho bien fumado), debe demostrar que si sigue desamorado va de mal en pior y que es casi una certeza que como no tiene a quién comerle la boca en público -obviamente hablamos de alguien valioso para el sujeto, no chiruza cualunque- bien debe dejárselo que lleve el cigarrín a los labios, en público, como si besara apasionadamente que, al fin de cuentas, el cerebro le tira igual resultado de satisfacción.
O no?

2º.- Cuando uno vuelve bien adobado a casa, perfumado por el etílico, y a la compañera le dice que quiere hacer eso, engrandecido su sentimiento por la mamonia, y la otra corta rostro le espeta que está borracho ¿no está negando la quintaesencia del estímulo amoroso? no está privándolo a nuestro conejillo de indias de esa sumatoria maravillosa estimulativa que resulta de estas reacciones químicas interactuando:

sbornia + amor = double pleasure

Ah?

3º.- Quién, tras haber estado abrazado grosso a la botella, al chopp, al trago large, no notó que le brotaban fuerzas ocultas para encarar algo que sobrio jamás hubiera estado ni siquiera como "plan z"? ah?, eh?... Y acoto que en estos casos, al menos, el efecto producido por el alcohol bajo rótulo de placebo, provoca una pérdida relativamente compensable en la matemática de la autoestima. Sí, sí. Oigan: al otro día pueden decir, y sí, la mitad de la cosa salió bien, fue tipo un empate..", cuyo metatexto ampliatorio es: puta madre, qué cagada!, pero, por suerte, sentí algo parecido al enamoramiento por el pedo que tenía encima
Lo qué??

4º.- No menos importante para aquéllos que no largan el faso.
Y sí, no seamos falsos. Me parece que quienes tienen esta adicción sostenida en el tiempo deben ser más fieles porque, producido el efecto cerebral y acostumbrado que fuere el mismo a la invariancia, al momento que arriba el amor a sus humosas costas, difícil que cambien de parecer así como así. Ojo, eh? existe la excepción confirmatoria de la regla que se verifica en ese segmento que es capaz de largar cuanta pareja le haya tocado en suerte sin mucho trauma pero que es incapaz de largar el pitillo...
Cuack!

5º.- Finalmente, avizoro el advenimiento de un nuevo producto que, lamentablemente, por mi falta de expertise y mi nula visión para los negocios, habrán de explotarlo otros. Veamos.

Esta noticia, no sólo vino en la fuente que cito acá. No, señor. También la ví en el Clarín, en la edición impresa, y recuerdo que un ñato especialista en la temática, daba cuenta que el enamoramiento y los análogos en sus efectos para este caso (brebajes y fumaditas de una y otra) producían, en un principio, un descenso de la serotonina de hasta un nivel de menos 40%

Lo ven? adivinaron, jilgueros? Ah, ah... Si se avivan pronto, van a sacar algún medidor de niveles de serotonina. Entonces, cuando la relación que tengas con tu pareja parezca que se va devaluando en la pasión o que ya no le abrís la puerta o que te mandás cualquier grosería estando presente cuando antes eras un dechado de virtudes, van a ir a la farmacia, al shopping o al kiosko -andá a saber- y van a comprar un MDS (medidor de serotonina) sin que te des cuenta te van a sacar algo apto para la mensura -pej. un cabello- y van a medirte los niveles y, si da un nivel muy alto, seguro, seguro, que te desenamoraste... Y ahí, fuiste.

No hay caso, no somos nada.

Au revoir.-

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