jueves, 26 de julio de 2007

Por qué dicen que ser servicial es ser servil?

Vamos a tocar el tema de los asistentes, las razones del edecanato. Ilustra la Real desde su página Web (sea dicho de paso esto de "real" cada vez menos que aceptan cualquier neologismo disparatado; coño!) edecán (del fr. aide de camp) 1. m. Mil. Ayudante de campo. 2. m. irón. coloq. Auxiliar, acompañante, correveidile
Cuánta confusión hay en este mundo; no hay caso, estamos involucionando.
El tema con mi edecán, no va más; se fue. Ya está, tengo que hacer, lamentablemente, algunas cosas por mi mismo. No veo, en lo inmediato, sustituto disponible o, al menos, que de el target que me merezco.

Observemos estas dos situaciones =



Pensar que lo que está haciendo el servicial rubito de la izquierda es, precisamente, algo que cotidianamente en mi oficina mi también rubito edecán cumplía no sólo diligentemente sino, también, con una mueca de sonrisa, el rostro iluminado de saber que bien vale "servir para servir". Cómo quedaron sus zapatos, señor? me inquiere mientras, para ganar tiempo, me estoy pasando una humectante por mi gamba de pollo según ilustra la imagen de la derecha que capta el Cabezón con su móvil para la postrera hilaridad.
Eso no es un "mistake", te corrijo gringo puñetero, que ya estoy hasta la madre (referencia de la frase: Molotov; tema: Frijolero)
Así es que salen articulejos de poca valía como éstos en donde te dan consejos para no pasar por un chupamedias en lugar de un "nice guy". Por favor! Por la moneda baila el mono al son de la musiquita de ocasión mientras el transeúnte pone la mano buscando en un miserable papel lo que le puede decir la fortuna (ésa, la alada de los dioses mensajera también de los infortunios). Acá, en mi oficina, era todo más simple. Los servicios se prestaban por el don de cada uno para cada cosa, a mí me tocaba la parte de ser asistido y en ningún momento rehusé el trozo del guión que me toca en esta vida. Pobre de mí! si, ya sabemos, nuestros destinos están escritos de algún modo, por más que creamos que algo nuevo ponemos mientras garrapateamos el palimpsesto.

Ah!, podría dar decenas de ejemplos, pero para ilustrar al menos, vean esta fotografía con la que cierro reportando unos de nuestros momentos en la trinchera laboral donde mi ex edecán, presto, servicial y aguerrido tras escuchar a su comando, levanta el teléfono y con autoridad, a la cafetería Florentino, ordena:
dos cafecitos negros bien cargados, con libritos de grasa...

Au revoir.-

Notita: les tendría que mostrar el chivo a los de Florentino que vivíamos pidiéndoles café y éso que se clavó en los tres pesos con cincuenta

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